Llegas con la idea de “ver una más”. Otra casa más. Otro sábado más.
Pero algo pasa al cruzar la verja.
No sabes explicarlo, pero lo notas.
Los niños salen del coche y en dos minutos ya están corriendo por el jardín.
No hace falta decirles que se porten bien. Aquí no hay nada que romper, solo espacio para que se ensucien, se caigan, se levanten y se inventen una infancia de las que se recuerdan toda la vida.
La casa no es de revista. Es mejor.
Es real. Acogedora. Cuidada.
Tienes seis habitaciones, tres baños y un aseo, una cocina cómoda, un salón con chimenea y esa luz que hace que todo parezca más fácil.
Sales a la terraza y ya te ves ahí.
Con el desayuno del domingo.
Con los amigos celebrando algo.
Con el verano por delante y sin ganas de que acabe.
Y entonces te cuentan lo de la comunidad.
Las actividades para los niños en verano. El chiringuito, el campo de fútbol, las pistas de tenis.
Ese ambiente de barrio bueno, donde puedes dejar que se vayan solos sin estar mirando el reloj cada cinco minutos.
Bajas al garaje, ves la bodega, y piensas: “Esto es para mí”.
Y sin darte cuenta, ya no estás “viendo una casa”.
Estás imaginando tu vida aquí. Y por dentro lo sabes: no quieres irte.
Ref. V.394