Este piso se fotografió a las cinco de la tarde, cuando en Barcelona ya había oscurecido.
Y quizá fue lo mejor.
Porque hay pisos que necesitan sol para lucir bien en las fotos.
Y otros que, cuando cae la tarde y enciendes las luces, empiezan a enseñar de verdad cómo se vive dentro.
Este es de los segundos.
Está en Carrer de la Palma, cerca del Paral·lel y de Plaça d’Espanya.
Es un piso reformado que conserva algunos de esos detalles que hacen que una vivienda de Barcelona no parezca una más.
Lo primero que llama la atención está arriba.
La bóveda catalana original y las vigas de madera.
Después miras al suelo y aparece otro detalle difícil de encontrar hoy: el antiguo suelo cerámico hidráulico, presente en buena parte de la vivienda.
La reforma no ha intentado borrar el pasado del piso.
Lo ha aprovechado.
La vivienda tiene 61 m² útiles, con una zona de día abierta, dos dormitorios dobles y dos baños.
El salón y la cocina forman un solo espacio.
La cocina está reformada, con líneas sencillas y una barra donde puedes desayunar, comer algo o hablar mientras alguien cocina.
Salón y cocina dan a Carrer de la Palma y reciben luz natural.
Desde el salón también se accede al balcón exterior.
La zona de noche queda más separada.
Hay dos dormitorios dobles interiores, dos baños reformados, armarios hechos a medida y una zona de lavado integrada.
También dispone de calefacción y aire acondicionado.
La finca es de 1936 y tiene ascensor.
Pero hay algo que no se explica con metros ni con una lista de características.
La bóveda.
Las vigas.
El ladrillo.
El suelo antiguo.
Y la luz cálida cuando fuera ya ha anochecido.
Podrían haber quitado todo eso y haber hecho otro piso blanco y gris como tantos otros.
No lo hicieron.
Y se agradece.
Porque este piso tiene algo que muchos no tienen:
personalidad.
Si quieres saber si te imaginas viviendo aquí, lo mejor no es leerlo.
Es venir a verlo.
Ref. V.462




































